Desde Zapatero España se ha convertido en la avanzada de las nuevas normas que rigen los restos, ya, de la civilización occidental. El matrimonio homosexual, el divorcio exprés, el gobierno saturado de ministros sin especial formación. En este apartado es célebre la frase del líder del clan de la ceja: "he demostrado que cualquiera puede ser ministro".
Rajoy siguió la senda de la conmoción mundial comenzada en la era Zapatero. El desfalco financiero y monetario del presidente que contaba nubes o algo parecido era tan insostenible para la comunidad internacional que había que ponerle algún tapón al desastre económico. Rajoy se atrincheró en la Moncloa, se escondió detrás de las faldas de Soraya y el ministro Montoro dijo aquello: "yo lo sé todo de todos", al tiempo que subía los impuestos y otorgaba poder infinito para asaltar sin necesidad de trabuco a los infelices españoles por medio de la Agencia Tributaria.
Alguien tenía que pagar el desaguisado y la premiada ministra de rostro de madera tallada propio de un totem apache llamada Fátima Báñez, descargó toda la furia de los poderosos sobre el trabajador por cuenta ajena que todavía quedaba en España protegido por la legislación franquista sobre el despido. Los 45 días de indemnización por año trabajado hasta un máximo de 42 mensualidades fue transformada por la ministra en 33 días por año hasta un máximo de 24 mensualidades. Todo el mundo a la calle menos los funcionarios de los innumerables ministerios y departamentos de comunidades y municipios. Los que fuimos despedidos aprovechando el momento que jaleaban los medios de comunicación liberales como: "una cirugía profunda, pero necesaria para salvar la economía destrozada por Zapatero", sufrimos las miradas de conmiseración y lástima que nos lanzaban los enchufados en cualquier tinglado funcionarial.
Y ahora Sánchez nos mete por la puerta de la izquierda salvaje la inmigración masiva a la que legaliza por decrteto. Si antes nos echaron del trabajo, ahora nos echarán de nuestras casas a no mucho tardar.
Y cuál puede ser el motivo, la causa profunda de todo esto. Cada uno tiene su propia hipótesis.
Una puede ser como escribí en un post anterior, esa conspiración secular contra España y su historia que nos ha llegado a todos tergiversada y manipulada.
Dos. España vuelve a ser el lugar donde se experimenta el futuro que algunos quieren para todo el occidente tal como lo fue la guerra civil del 36 que dio paso a la mundial del 39, tal como ha sido el revolcón legislativo, moral y religioso iniciado por Zapatero.
Tres. Se está culminando en España el proceso de disolución nacional iniciado con la Constitución del 78 y la distribución de competencias autonómicas. El futuro es la desintegración nacional al estilo de Siria, Irak, Libia.
Cuatro. Las élites que han dirigidola economía mundial desde ya antes del derrumbe soviético fueron sobre todo ultraliberales formados en universidades norteamericanas y en las imitaciones nacionales españolas denominadas escuelas de negocios. Se trata básicamente de economistas (contables) en realidad que a imitación del lobo de Wall Street vendían porquería financiera a pobres pensionistas que llevaban a la ruina y lo celebraban con champán y kilos de cocaína. Estos tipos destruyeron la industria occidental, la llevaron a países del tercer mundo y nos han convertido a todos, incluyendo a los Estados Unidos, en los próximos países no ya del tercero, sino del cuarto mundo. La inmersión masiva de Europa bajo la avalancha africana tiene por objeto silenciar a la gran masa de europeos empobrecidos para que no sean capaces de levantarse y pedir las responsabilidades económicas y penales que corresponden y les corresponden a estos tutores de la economía mundial que se han forrado a costa de nuestra ruina.
Quinto. La gran esperanza para occidente era Donald Trump, un bocazas que comenzó su segundo mandato firmando inumerables órdenes presidenciales, pero que poco a poco ha ido sumergiéndose en la ponzoña de los que le rodean e interviniendo sin orden ni concierto en las guerras organizadas por el judaísmo internacional al que es fácil ver en todo el entramado de decisiones que hemos relatado hasta este momento. El porqué Trump se ha traicionado a sí mismo y a los propios EEUU es una incógnita. Algo tiene que ver el asesinato de Chrlie Kirk que murió en un atentado exactamente igual que el que casi le cuesta la vida al presidente, entonces candidato, solo que ahora apuntando unos centímetros más abajo, exactamente en el lugar físico que permanece estático y centrado, sin posibilidad de error, aunque gire la cabeza y el disparo solo alcance la oreja.