Un medio inglés titula: "fútbol 1, criminales 0". Mejor descripción de lo ocurrido en la final del campeonato imposible.
Yo no entiendo de fútbol, pero sé perfectamente por qué no ha ganado Argentina. Es más, ese equipo ni siquiera debió pasar la eliminatoria ante Egipto. Naturalemente la memoria es exigua y todo el mundo se olvida, pero el despropósito con ese equipo es algo extraño. Tienen un poder especial sobre el fútbol mundial. Ellos dicen que son una gran potencia futbolística, pero siempre les envuelven las sospechas.
Durante la dictadura de los generales, Videla y Kissinger visitaron el vestuario peruano y Argentina consiguió los 6 goles a 0 que necesitaba para sobrevivir en el 78. Acabaron ganando su primer mundial.
En su segundo campeonato mundial en el 86 Maradona metió un gol con la mano a Inglaterra. El último de Qatar estuvo también lleno de sospechas de trato de favor a ese equipo y sobre todo a un jugador. Hablaremos de él.
En cuanto a la forma de ganar, esa sospecha reiterada de juego sucio por parte de Argentina, a ellos les importa un huevo. Tienen derecho a ganar por lo civil o por lo criminal.
La entrada a Cubarsí que costó la roja a un asesino vestido de futbolista da una idea acerca del proceso mental de ese equipo de psicópatas. Enzo Fernández creo que es el autor del intento de homicidio premeditado. Si alguien le hubiera denunciado en algún tribunal norteamericano cuyo juez previsiblemente no entendería de fútbol a estas horas estaría en prisión sin fianza.
El tipo, malencarado con evidente intención de matar ve al jugador español que lleva la pelota pegada al pie. El patadón lanza por los aires a Cubarsí, pero el artero homicida hace como que va al balón. El árbitro le saca la segunda tarjeta y lo manda al vestuario. El tal Enzo hace gestos de que eso no va con él, él no ha hecho nada y parece que quiere dirigirse al VAR. Ni una mirada a la víctima ni la más mínima preocupación por las consecuencias de semejante entrada. Finalmente tiene que abandonar el campo y si hubiera justicia tendría que abandonar la especie humana.
No voy a extenderme acerca de los comentarios previos a la final de los argentinos en general. España era un chiste. No tenían la más mínima posibilidad... hay algunos vídeos en internet que lo muestran. Yo he visto alguno de estos videos con asombro y stress post traumático.
Pero ahora les diré a los argentinos por qué han perdido la final de fútbol y por qué no deberían haber pasado la eliminatoria de Egipto.
Siempre han jugado con diez. Todos y cada uno de los partidos de este campeonato han jugado con uno menos. Messi, por supuesto. Un señor de 40 años que andaba por el campo, no corría, y solo esperaba algún pase para hacer la filigrana correspondiente.
Incluso TVE se refería a este señor como el mejor jugador de la historia. Ni Pelé, ni Di Estefano, ni Cruiff, Romario, Ronaldinho, Rivaldo... Nadie. El mejor era, tenía que ser por decreto, Lionel Messi.
Un jugador que destacó en la liga española que comandaba el Barcelona y durante los años en que el Barcelona pagaba a los árbitros. Messi era cuestión política. El mejor, según los publicistas de la causa catalana, por encima de Ronaldo porque el Barcelona era y es el equipo del régimen. Ningún jugador podía acercársele a menos de dos metros. La tarjeta era segura. Bastaba una mirada del argentino al árbitro para que este sacara el tarjetero. Ningún árbitro español permitía la mínima broma con este tipo porque sabía que su carrera arbitral, sus posibilidades de promoción profesional dependían de ello.
La red protectora se extendió a Europa y ganó una y otra vez títulos y reconocimientos. En esas condiciones era de esperar que se situara por encima de todo el mundo. El "superentrenador" Luis Enrique que anda ahora en las comparecencias periodísticas tan pagado de sí mismo, intentó cambiarlo durante un encuentro y la pulga se impuso finalmente. Se quedó porque el que mandaba en el campo era él. Si un árbitro hubiese intentado expulsarlo también se habría quedado. Cuando el Barcelona intentó rebajar su estratosférico salario después de impuestos pagados por el club catalán, el tipo se rebeló y acabó largándose, eso sí, entre lágrimas porque el quería quedarse, pero no le dejaban. Un jugador al que el Barcelona trae desde Argentina con 13 años para tratarle médicamente a su cargo y que luego convierte en su jugador franquicia, en el jugador del régimen que finalmente acaba haciéndose con la propiedad del club al que lleva y ahí sigue, a la ruina.
Bueno pues este campeonato, lo mismo que el anterior de Qatar estaba preparado para que Messi fuera proclamado, entronizado, consagrado como el mejor jugador de la historia. Increíble, pero cierto. Por eso Argentina ha jugado con diez. Con diez psicópatas contratados para que Messi triunfara cuando es evidente que con cuarenta años ese jugador que además se ve obligado a seguir jugando en ligas de segunda, no podía moverse demasiado, si bien es verdad que hizo el pase que dio el triunfo a los argentinos sobre los ingleses.
En frente un equipo sin estrellas, pero un equipo. Cuentan que a Di Estéfano le preguntaron en una ocasión cuál o quién era el mejor jugador del Madrid que comandaba. Contestó: "el mejor jugador del Madrid es todos juntos".
En el equipo español no hay estrellas galácticas alrededor de las cuales giran pequeños e insignificantes planetas. No hay Messis, ni Mbape, ni Dembelé, ni Halland. Pero sacan un suplente y mete gol. Merino, Ferrán, el propio Oiarzábal. Todos entraban y salían con sin quejarse, entregados a un equipo de jóvenes que sabían a qué y cómo jugar.
Fútbol 1, criminales 0. Dicen los ingleses y ellos saben de lo que hablan. El fútbol español no es de figuras, ni de ídolos, es el fútbol de equipo de gente comprometida con los demás, con los compañeros que no busca sostenerse en ellos para su promoción personal. Para sus ambiciones y arrogancias propias de otros deportes más individuales.
España ha ganado porque juega al fútbol, porque tiene un entrenador humilde que ha sabido crear un equipo comprometido. Un buen tipo que tiene a su cuidado un grupo de jóvenes respetuosos con el contrario, incapaces de entradas criminales y que finalmente ha puesto el fútbol por encima de las individualidades y de las ambiciones personales.