Inglaterra está empeñada en su particular guerra con Rusia. Es respetable que el imperio de don Carlos III vuelva a cabalgar en busca de tierras y gentes a las que dividir, enfrentar y de paso expoliar. Esa ha sido su política tradicional.
El jefe del Mi5. este señor tan pulcro, tan maqueado, tan joven, tan intelectual, dio un discurso en la sede del servicio de inteligencia en Londres. Según él Rusia está intensificando eso que ahora llaman guerra híbrida con acciones de sabotaje contra países que pertenecen a la OTAN.
No dice nada de las acciones de sabotaje que propicia la propia OTAN contra Rusia. En todo caso y visto lo que está pasando en toda Europa da la impresión de que nuestros impecablemente vestidos, situados, pagados y muy preocupados dirigentes que cuando retornan el fin de semana a sus mansiones de miles de metros cuadrados, con jardines verdes aterciopelados, salpicados de árboles lustrosos a cuya sombra pasean hijos de Cambrige, de Oxford embutidos en sus polainas de jinetes y amazonas. Da la impresión, digo, de que estos tipos están fuera del espacio terrestre. Viven sus vidas anclados en las novelas de los años noventa cuando escritores periodistas como Frederick Forsyth publicaban "La alternativa del diablo" en la que ya apuntaban al odio suicida, real o inducido, que los ucranianos tenían contra los rusos.
Tienen al enemigo en casa, como lo tenemos todos nosotros y ellos se empeñan en la guerra contra Rusia. Rusia que suministraba energía a precio de saldo a Alemania, Rusia que estaba dispuesta a suministrar petróleo y gas sobre pedido a toda Europa. Que con esa disposición permitía subsistir a lo mejor de la industria automovilística europea. La primera consecuencia de la guerra de Ucrania fue la voladura del "nord streem" el cordón umbilical entre Rusia y Europa.
Algo raro pasa con nuestros dirigentes supuestamente elegidos por nosotros. El sistema democrático ha resultado, después de todo, ser fácil de utilizar para fines distintos de la protección y el servicio a la población nativa, a los electores.
El agente inglés con cara de piedra nos lleva a al guerra contra Rusia.También a sus propios ciudadanos, luego cuando caigan por miles les harán el homenaje tradicional con gaitas y solemne paso marcial.
Se Siguen los oscuros pasos a través de los cuales y desde hace cientos de años Inglaterra enciende, atiza y sostiene las gueras entre eurpeos mientras ellos a resguardo en sus guarida isleña esperan recoger las nueces sangrientas de una guerra tras otra. Siempre, siempre, siempre y cualquier guerra europea los ingleses están en uno u otro lado, a veces en los dos a la vez esperando sacar la tajada de la que viven.
España debería retirar su ejército del frente ruso y defender lo que pueda de esta pobre nación acostumbrada a hacer lo que los ingleses dicen un día, lo que los franceses dicen otro día.
La bomba del 11 M algunos analistas la atribuyen a servicios secretos franceses. España estaba en aquel momento aliada con EEUU y el Reino Unido en una supuesta lucha contra el terrorismo. Algo que a Francia, acostumbrada a tratar a España como un guiñapo a su servicio no le gustaba demasiado. Bomba mediante y PSOE de movilizaciones salvajes a cargo del difunto Rubalcaba, España vuelve al redil francés que nos condena a la miseria y a la irrelevancia.
Pero repito, son juegos europeos arcaicos. Tanto para unos como para otros. Europa está en el punto de mira y no de Rusia precisamente. El enemigo es otro. Aquí tiene razón Trump que quiere acabar de una vez por todas con esa guerra maldita que este tipo con expresión de piedra marmórea quiere, por el contrario, sostener al precio que sea. Precio que como es tradicional tienen que pagar todos los europeos para su propio jolgorio frente al palacio de "buckingham", gaitas y faldas escocesas al viento.
Atracción para turistas desprevenidos mientras él y sus secuaces en su club de personas importantes piden esa bebida tan sofisticada mezclada y no agitada.