Allá por los años noventa compartí estudios nocturnos con un militante del partido comunista englobado en el sindicato CCOO. Cuando se refería a ETA comentaba que ellos están haciendo lo que nosotros no quisimos o nos impidieron hacer. La guerra violenta contra el Estado o el sistema como ellos lo llamaban. Lo decía con un sentimiento de impotencia y con la idea de que el camino correcto era el de ETA.
El culpable, responsable de la desviación del camino comunista no fue otro que Santiago Carrillo. Durante la transición y bajo la presidencia de Suárez don Santiago aterrizó en España aún siendo ilegal el partido comunista y siendo él mismo perseguido por las leyes vigentes. Suárez se saltó a la torera cualquier impedimento legal y Carrillo fue cazado por algún periódico envuelto en lo que entonces se convirtió en motivo de chanza, una peluca amarillenta, simulanto cabello rubio.
Por sorpresa y en ausencia de los militares entretenidos en procesiones y vacaciones de semana santa, Suárez legalizó al partido comunista y don Santiago pudo comenzar a desplegarr su estrategia política.
La situación de la Europa de aquellos años era muy distinta de la actual y en plena guerra fría no se toleraba a un partido que tenía evidentes lazos y sumisiones a las estrategias de la URSS de aquellos tiempos. Por tanto los partidos comunistas occidentales tuvieron que adaptarse al sistema partitocrático occidental. Lo hicieron mediante una política que de alguna forma se desvinculaba del politburó de la URSS. El gobierno soviético se había convertido en una gerontocracia inamovible, pétrea en la que el premier era Bréznev y el ministro de exteriores era Gromiko.
La presunta desvinculación y autonomía de los partidos comunistas occidentales se denominó eurocomunismo y básicamente renunciaba a la violencia como principal estrategia para la conquista del poder y se recluía en las elecciones democráticas y en el parlamento para la consecución de sus objetivos políticos. Carrillo era un fumador impenitente y resultaba entretenido en sus argumentos en el congreso. Sin embargo el eurocomunismo fue languideciendo y cada vez era menos votado.
El sucesor de Santiago Carrillo como secretario general del partido comunista fue un minero asturiano, Gerardo Iglesias que posteriormente y abandonando el cargo retornó a su trabajo en una mina asturiana.
A Carrillo le expulsaron del partido finalmente y don Gerardo y compañía acabaron inventando Izquierda Unida. En definitva el tiempo del comunismo no violento fue pasando y la radicalización se fue abriendo paso. La radicalización consistió fundamentalmente en el retorno a la sumisión a Moscú y se puso de manifiesto cuando González intentó sacar a España de la OTAN en la que le había metido con calzador el presidente Calvo Sotelo, don Leopoldo, e Izquierda Unida con la participación de don Antonio Gala el escritor y dramaturgo se empleó a fondo para sacarnos de la OTAN a la orden de los moscovitas reinantes.
No se consiguió y aquí estamos. Desaparecido el comunismo ruso, Rusia es ya pieza de caza y hasta ahí nos lleva Sánchez con aviones y tanques mientras abre las puertas a la invasión musulmana y africana.
El comunismo actual diseminados en múltiples partidos y liderazgos vuelve a sacar la patita violenta. La revolución comunista es la que tenemos a la vista con un PSOE que hace de ariete contra el sistema. El sistema es España.