La imputación de Zapatero parece que rompe esa muralla de protección que este personaje y sus sucesores levantaron en su momento. Zapatero y su mundo eran intocables. Las medidas de Zapatero fueron las primeras en el occidente decadente que permitieron el matrimonio homosexual, el divorcio exprés, luego imitadas por el entorno cultural que nos rodea.
En premio a ello ZP fue recompensado con la práctica inmunidad a pesar del descalabro a que llevó a España en lo económico y en lo ideológico. El intervalo de Rajoy fue efímero, inútil como lo es el mismo personaje y acabó con una revolución de colores catalana, lo mismo que la presidencia de Aznar acabó con una bomba sangrienta y bestial. El miedo nacional se instauró como una enfermedad mental en esta nación y permitió a Sánchez profundizar en la estrategia de demolición nacional.
Ahora parece que algo se está moviendo. Los jueces no se someten, la guardia civil estás hasta el tricornio de la burla y la inoperancia de un ministro quemado hasta el tuétano, de una candidata socialista que saca una y otra vez la lengua y dice que el crimen contra dos guardia civiles es un accidente de trabajo.
Como sea que España está gobernada por testaferros de fuerzas muy oscuras, quizá la postura antiisraelí de este gobierno haya terminado por pasar factura.
Como cuenta esa historieta. La del pajarito que cae del nido y aterriza en un camino de barro por el que pasa el ganado. Allí se está muriendo de frío. Pasa una vaca y se compadece del pobre pajarido por lo que deposita sobre él una copiosa, esponjosa y caliente bosta que le revive. No se le ocurre otra cosa que piar de alegría lo que da lugar a que el aguilucho que vuela cerca le escuche y se lo lleve como merienda. De ahí la moraleja: "no todo el que te mete en la mierda te quiere mal, ni el que te saca de ella te quiere bien. En todo caso es mejor no decir ni pío".
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