Los sistemas económicos en el mundo en que vivimos.
Un sistema económico
está directamente relacionado con un territorio delimitado, una
población homogénea y una cultura compartida.
Cultura no en el
sentido que actualmente se le supone como propia de ciudadanos
elevados sobre el común de la población antes descrita, es decir,
homogénea, sino como sistema de producción, distribución de bienes
y servicios de la y a la comunidad, además del conjunto de ideas
religiosas, de entretenimiento, de comunicación y de vertebración
de esa misma comunidad. Así hablamos de la cultura paleolítica y
más adelante de la neolítica.
Nada que ver con la
apropiación indebida de la palabra y del concepto de cultura que
practican actores y gente del cine y del teatro, escritores y demás
comunicadores embebidos de su propia importancia que no desperdician
ocasión para lanzarnos discursos ideológicos y políticos
simplemente porque se les supone cultos y preparados. A este respecto
la opinión de mentirosos profesionales como son los actores, en
realidad múltiples psicológicos, debería tomarse con absoluto
cuidado y prevención.
Los sistemas
económicos podríamos decir que en la actualidad y desde hace
décadas son tres, de los cuales dos son los más extendidos y el
tercero ha quedado relegado tanto en las universidades como en el
discurso político predominante y de ahí la actual disfunción y la
traición de las élites económicas que han puesto en la dirección
de los países, sobre todo los europeos, a testaferros para ocultar
el desfalco económico social y político que han cometido en todo el
occidente de cultura cristiana.
El sistema que
triunfó después de la segunda gran guerra fue el propio de las
potencias occidentales que obtuvieron la victoria, Inglaterra y
Estados Unidos con la colaboración final y entusiasta de la gran
derrotada que fue Francia. Podríamos decir que en los primeros años
posteriores a la hecatombe mundial el sistema fue el liberal moderado
que promovía una suerte de paz social a través del trabajo
industrial masivo, un apreciable empleo en el sector servicios y el
mantenimiento de determinados principios morales basados en la
religión cristiana, protestante en los países anglos y la católica
preponderante en Francia, España y zonas de centro Europa. En el
resto de la Europa devastada por la guerra se impuso el comunismo
soviético, gran vencedor de la guerra que aplastó al ejército
alemán, sin cuya contribución nadie hubiera podido vencer a las
divisiones panzer del nazismo.
El sistema moderado
liberal se basaba en una alta necesidad de mano de obra no
cualificada.
Trabajadores de
cuello azul en referencia a la ropa de trabajo. Sobre esta base
social de millones de ciudadanos que acudían a los centros fabriles
a toque de sirena se asentaban las sucesivas capas sociales que daban
lugar a la lógica pirámide social. Dicha pirámide era sólida y no
excesivamente inmóvil. Podríamos decir que todo el conjunto social
se movía con cierta coordinación y la vida se hizo, durante las
primeras décadas de la pos guerra, cómoda y apacible para la mayor
parte de la población del occidente.
El sistema liberal
moderado se oponía como modelo de convivencia social al comunismo
soviético que dominaba la mayor parte de Europa y se expandía por
territorios de Asia cercanos a China ya declaradamente comunista. Los
Estados Unidos, una superpotencia económica, asumieron el liderazgo
en la confrontación ante el avance comunista.
En los años 60
comenzó la guerra de Vietnam heredada por los Estados Unidos después
de que Francia fuera expulsada de Indochina por los movimientos y
ejércitos comunistas que habían decidido dejar de ser colonias de
occidente. Los USA mantuvieron la guerra e incrementaron
progresivamente la presencia militar lo que desencadenó una
contestación sin precedentes en el país de las barras y las
estrellas. El resultado fue una espantosa derrota filmada y
sentenciada con la escena del helicóptero que despegaba a duras
penas del techo de la embajada americana en Saigón.
Los políticos
estadounidenses asumieron que el régimen vietnamita había sido
sostenido principalmente por la Unión Soviética e incidentalmente
por China. La guerra contra ambos colosos comunistas era imposible de
ganar por lo que Nixon optó por establecer relaciones con China
dejando a la URSS como el adversario a batir a resultas de la
neutralidad china.
En ese preciso
momento comenzaron los males de occidente con USA e Inglaterra
obcecados en la necesidad de derrotar y destruir a la URSS y
posteriormente una vez caída esta, al país más determinante de la
Uníón Soviética, la propia Rusia.
La economía liberal
moderada que había dado lugar a ese estado general de bienestar en
los países de occidente fue haciéndose cada vez más insoportable
para las élites políticas de Inglaterra y de USA. El factor más
determinante del cambio que se avecinaba hay que situarlo en Alemania
y sobre todo en Japón. Los dos países derrotados en la guerra se
erigían ahora como la segunda y la tercera potencias económicas del
mundo justo detrás de los Estados Unidos y a distancia cada vez
mayor de las economías menos dinámicas de Francia y sobre todo de
Inglaterra. La clave del desarrollo japonés y alemán estaba en la
práctica ausencia de gasto militar así como en la protección
gubernamental a determinados sectores industriales, automoción y
tecnología avanzada por parte de ambos países. Además de la
tradicional disciplina y capacidad de trabajo de alemanes y
japoneses.
En Inglaterra, por
el contrario, asomaba el absoluto cansancio por la política de
guerra sistemática que había seguido la isla para mantener el
famoso imperio que, a fin de cuentas, había sucumbido después de la
sangrienta independencia de la India, considerada la perla del
imperio inglés. Amén de que todas las colonias en el oriente
lejano, se habían perdido también. Solo quedaba la amarga sensación
de haber ganado la guerra a Alemania cuando en realidad Inglaterra se
había convertido en el pequeño país que se había enfrentado al
poder alemán sin la más mínima posibilidad de victoria. Solo la
alianza con Estados Unidos había permitido a Inglaterra ocupar ese
asiento sin excesiva importancia cuando los tres grandes, en realidad
solo dos, se reunieron en Yalta.
La economía liberal
moderada asumía el principio de la libertad de mercado con
intervención de los gobiernos a través del sistema redistributivo
de la renta obtenida por mediación de los impuestos.
Esa era la idea
preponderante en la Gran Bretaña posterior a la guerra, al mismo
tiempo que se mantenía un ejército de tierra mar y aire que
intentaba sostener una cierta idea de imperio invencible lo que
consumía ingentes recursos económicos y frenaba el desarrollo
industrial británico frente al avance de Alemania y de Francia. En
general podemos decir que tanto Alemania como Francia confiaban su
bienestar social al desarrollo industrial fundamentado en la
industria del motor. El automóvil alemán y el francés con sus
marcas de referencia fueron el motor económico de estos dos países.
En el otro lado del mundo Japón comenzaba a aparecer como la futura
economía industrial basada también en la industria del motor que
acabaría por superar a las grandes marcas USA y a las europeas
sucesivamente.
En definitiva es la
industria del automóvil la que ha sido pieza fundamental del
desarrollo y del bienestar económico de las potencias occidentales,
solo hasta que progresivamente se han ido derribando los aranceles lo
que ha posibilitado el crecimiento de industrias asiáticas, siendo
la primera de ellas la industria japonesa.
En otras palabras,
el liberalismo económico a ultranza ha acabado por destruir la
pujanza económica de occidente.
Como decía al
principio un sistema económico debe servir para decidir qué
producir, cómo hacerlo y cómo distribuir esa producción entre la
población inscrita ene ese sistema.
Y aquí haremos una
breve síntesis de lo que es una economía de mercado frente a la
economía liberal que no es lo mismo aunque se nos venda la analogía.
El mercado es un
lugar. Puede ser físico y concreto o incluso un lugar indeterminado
que abarca un territorio indefinido, de mayor o menor extensión
siempre que se someta a las leyes del mercado.
El mercado para su
eficaz funcionamiento debe alcanzar el precio de equilibrio. Al
mercado acuden tanto productores como consumidores y los ciudadanos
de ese lugar que debe estar sometido a esas leyes del mercado son al
mismo tiempo demandantes de productos y oferentes de productos.
El ciudadano es aquí
productor y consumidor. El productor de huevos acude al mercado con
una determinada cantidad de producto y lo pone a la venta,
supongamos, a cinco euros docena. Otros productores de huevos acuden
un poco más tarde y como tienen menos tiempo para venderlos los
ponen a tres euros y los últimos incluso a un euro, pero entonces y
a ese precio no son competitivos, los gastos superan a los ingresos y con el tiempo se ven obligados a abandonar la actividad. Los
demandantes pasean por el espacio del mercado y deciden cuáles y a
qué precio comprarlos. El proceso es dinámico y tiene lugar en un
espacio de tiempo, sea este cuál sea. Finalmente todos los huevos
del mercado son comprados al precio de dos euros cincuenta. Eses es
el precio de equilibrio. Aquel conforme al cual todo el producto que
se ofrece se compra y toda la demanda de dicho producto se satisface.
Lo mismo debe ocurrir con cuantos otros productos acudan al mercado y
sean ofrecidos y demandados. El precio de equilibrio es el fundamento
del mercado.
Ahora bien, como
hemos dicho, para que el mercado funcione deben cumplirse
determinadas condiciones. Ningún productor o consumidor debe tener
tal capacidad de compra o de venta que pueda desequilibrar el juego
de oferta y demanda. Es decir, si en un mercado de un pueblo concreto
acuden productores de huevos con explotaciones familiares lo que les
permite llevar al mercado un máximo determinado de producto, no
podrán competir si al mismo lugar acude una macroempresa con cientos
de granjas industrializadas. Eso puede permitir a la empresa ofrecer
en un momento dado huevos a cincuenta céntimos hasta que todos los
pequeños productores desaparezcan y deban sin otro remedio pedir
trabajo en la macroempresa pasando de ser ciudadanos libres a ser
trabajadores a sueldo mensual con un destino dependiente de las
decisiones de la macroempresa de referencia. Al mismo tiempo, esta,
ya sin competidores podrá poner el precio que quiera en un mercado
totalmente dependiente de ella para abastecerse.