El gobierno del PSOE
ha rescatado la memoria del 11M. Con su habitual manipulación a
cargo de informadores sectarios que han tapado el asunto Koldo a
través de lacrimógenos documentales acerca del atentado, ha culpado
directamente al PP en dos direcciones. Por una lado fue (es) culpable
por haber participado en la guerra de Irak y por otro fue (es)
culpable por haber insistido en la autoría de ETA, ejemplar
organización a la que los noticieros actuales eximen, creo yo que
con demasiada alegría, de cualquier sospecha.
Los canales
alternativos que pueblan internet, por el contrario y en general
tienen otra opinión. Se han publicado libros nuevos y se han
reeditado anteriores ensayos acerca del atentado. También se
rescatan entrevistas grabadas y se producen nuevas comparecencias que
insisten en las incongruencias del relato oficial.
Agujeros negros,
claves ocultas, misterios sin resolver…, los contertulios y
periodistas alternativos que publican y venden al calor del recuerdo,
casi todos ellos se expresan en términos parecidos. Recopiladores
compulsivos de datos, demuestran que la versión oficial no solo es
falsa sino que se construye de forma chapucera y por motivos que
nadie es capaz de aclarar. La expresión corporal de los autores
siempre es parecida en todos ellos, denota conocimiento secreto: “a
mí no me engañan”, hacen acopio de datos que ponen de manifiesto
esos abismos negros, esas dudas inquietantes, pero al final, silentes
y con sonrisa condescendiente en el rostro no terminan de decirnos
qué es lo que ocurrió, ni quiénes lo hicieron y mucho menos el
porqué. Y ante esto, ante esta duda que nos reconcome por dentro
solo queda escribir ficción basada lejanamente en la realidad, en
lo que más o menos conoce el común de los mortales.
Y echando la vista
atrás, haciendo memoria histórica y sin profundizar demasiado en
datos o sumarios prolijos podemos escribir la novela de ficción que
tengamos por conveniente.
Estamos en la
segunda legislatura de Aznar que comienza en abril de 2000. España
va bien, según el presidente. ETA, en términos policiales, está
evidentemente derrotada y acorralada. La ejecución miserable de
Miguel Ángel Blanco parece haber despertado a la gente en el País
Vasco del profundo sopor inducido por el miedo. La economía también
despega y España se prepara para entrar en el euro, un anillo para
dominarlos a todos.
Pero el gobierno
oculto, ese misterioso enemigo de España no está de acuerdo con el
despegue nacional. Algo tiene que hacerse y se hace. En noviembre de
ese año ETA todavía puede prestar algún servicio. Dos tiros acaban
con la vida de Ernest Lluch uno de esos nacionalistas catalanes
destacados que pastorean la multitud charnega del estanque dorado de
Pujol y compañía.
No hay que enredarse
demasiado, ETA mataba por motivos de lo más variado y al Ernest le
tocó la macabra lotería. La naturaleza profunda del asesino le
induce a matar. De inmediato el gobierno Aznar comete uno de los
errores que durante los años siguientes repite una y otra vez.
Organiza una manifestación para “condenar” el asesinato. En mi
modesta opinión un gobierno nunca debe manifestarse. El desacuerdo
con la banda se supone y no hay por qué recabar alianzas ni acuerdos
sobre la cuestión. El caso es que lo que ocurre después del desfile
multitudinario con el gobierno a la cabeza pone de manifiesto que la
oposición está girando. Está reorientando las velas a un
vientecillo todavía débil, pero que ya ha aparecido en el horizonte
político nacional. Los medios de comunicación españoles
controlados por el nacionalismo y el PSOE en su casi totalidad
comienzan la campaña.
La elegida, después
de múltiples reuniones, discusiones y acuerdos con los partidos de
la oposición, para pronunciar el discurso del fin de la
manifestación es la conocida periodista Gemma Nierga. Se supone que
el comunicado final estaba pactado, pero la señora Nierga catalana
de Gerona se salta el protocolo establecido y le dice a Aznar: “Estoy
convencida de que Ernest, hasta con la persona que lo mató hubiera
intentado dialogar: ustedes, que pueden, dialoguen por favor".
Creo que lo hace
además en catalán. Pero el caso, la conclusión es que una parte
muy importante de la sociedad española, quizá no la más numerosa,
pero sí la más influyente traspasa el cargo de culpa. Los asesinos
son inocentes, ellos, tan comedidos, tan dialogantes, tan pacíficos,
se ven obligados a matar porque el señor Aznar no quiere dialogar.
El pobre Ernest lo hubiera hecho, habría dialogado a pesar de tener
una pistola apuntando a su cabeza, él habría dialogado si no
hubiera sido por el empeño de Aznar en no hablar con estos chicos
tan simpáticos. No le dan tiempo parece, a dialogar, porque los
chicos de la banda aprietan el gatillo presas de la
ansiedad que les provoca el malvado gobierno de la derecha. En fin.
Como digo esa parte influyente de la sociedad española y catalana, a
saber, periodistas, actores, directores de cine, empleados de élite
en las múltiples televisiones y radios sostenidas por impuestos
públicos. Todos ellos tan pulcros, tan bien vestidos, tan destacados
ciudadanos residentes en barrios pijos de Madrid y Barcelona y en
zonas residenciales exclusivas, reciben órdenes o sugerencias
amistosas que para ellos son órdenes de obligado cumplimiento.
Blanquear a ETA, organización que lucha por la liberación del País
Vasco y culpar a Aznar y compañía por sus intolerables actividades
contra la organización etarra y por poner España en situación de
despegue económico.
No nos centraremos
en los traspasos competenciales que el gobierno Aznar lleva a cabo a
lo largo de la legislatura. La constitución del 78 está diseñada
para acabar con España como nación y sustituirla por un
conglomerado de estaditos independientes y supuestamente históricos.
Tal como ocurrió en la América hispana, las supuestas revoluciones
independentistas convirtieron a lo que era una comunidad unida en un
montón de países sometidos al imperio USA.
EN 2003 Aznar
establece una alianza con Bush y Blair que lleva a España a
participar en la guerra de Irak siquiera como comparsa. Ha pensado
que ambos aliados le van a apoyar sin fisuras en la política
antiterrorista y en el contencioso eterno con Marruecos. La
participación en Irak se salda con siete miembros del CNI asesinados
en aquellas tierras mostrando las carencias de nuestro peculiar
servicio secreto que deambula por el mundo en plan turístico, con
foto de conjunto incluida, como un grupo de amiguetes alegres y
confiados. Además, nuestro ministro de defensa contrata los
servicios de un transporte aéreo ruso nada menos, para trasladar a
España un contingente de soldados y oficiales. El avión, como suele
suceder con los vuelos rusos que interesa que se estrellen
(recordemos el díscolo general del batallón Wagner, Prigozhin y su
muerte a bordo de avión también ruso), se estrella y nuestros
compatriotas mueren. Se asaltan las Cortes por parte de hermanos y
familiares de los fallecidos. Me resulta curioso que los asaltantes
luzcan pulseras y relojes que parecen caros y de diseño. Recuerdo en
mis tiempos de mili obligatoria la jura de bandera y recuerdo a
oficiales con traje militar de gala corriendo con el sable arrastrado
por el suelo mientras chicas jóvenes vestidas de portada del Hola
les despedían emocionadas hasta el acto posterior en el que la flor
y nata de nuestro ejército se iba a solazar mientras nosotros,
soldaditos de plomo desechable, volvíamos a nuestros quehaceres que
consistían básicamente en sestear apesadumbrados pensando en
nuestro próximo destino cuartelario.
Pero estábamos en
la política antiterrorista exitosa que parece catapultar al PP hacia
una nueva legislatura por mayoría absoluta. ETA acorralada por la
eficaz actuación policial y la aparente colaboración francesa.
Todo parece ir bien.
Aznar tiene un cuadernillo azul en el que apunta el sucesor nombrado
por el emperador de turno, o sea, él mismo. El agraciado es Rajoy y
las elecciones del 2004 auguran una mayoría absoluta hasta que Rajoy
empieza a mostrar su absoluta carencia de carisma. Es un Registrador
de algo y ya se sabe que en las oficinas de Registro de lo que sea,
el titular suele permanecer oculto en un cubículo al que de vez en
cuando entran a preguntar los funcionarios del despacho. La mayoría
absoluta comienza a estar en duda. La campaña de la izquierda y
nacionalista contra el gobierno parece tener algún éxito. Solo
falta un pequeño empujón. Y aquí es donde entramos en la política
ficción.
Mientras Zapatero
firma el documento antiterrorista, con sonrisa beatífica envía a
Eguiguren a negociar, no se sabe qué, con ETA. Quizá un atentado
aparente, sonoro, en Madrid, pero sin víctimas, muestre que después
de todo el gobierno Aznar ha fracasado en la lucha contra ETA. Ha
engañado al pueblo español y entonces el partido en la oposición
tomará el relevo y acabará con ETA mediante un acuerdo de abandono
de las armas y tal y tal…
Pero ETA está
controlada por la policía y guardia civil. Unos días antes de las
elecciones una furgoneta con 500 kilos de explosivo es interceptada.
La oposición brama. Se trata de un montaje del gobierno para
apuntarse un tanto electoral…, vete a saber. Quizá después de
todo se tratase del atentado previsto y retrasado por fuerza que
después de las elecciones que dan el triunfo a Zapatero tiene lugar
en la T4. Mueren dos trabajadores que descansan en sus coches y
Zapatero envía apresuradamente emisarios a Suiza. ¿Un recordatorio?
Cuando se negocia con ETA esta organización toma nota. Escribe y
sella acuerdos. Suele tener constancia. Eso ocurrió después, con
Zapatero al mando y forma parte de la ficción mágica, del realismo
fantástico.
Pero ETA, todo el
mundo lo sabe, está permeada por servicios secretos extranjeros.
Quizá se tratara de un atentado sin víctimas, pero aprovechando el
momento y la situación, enemigos extranjeros de España colocaron
las bombas en los trenes. El gobierno creía haber acabado con la
amenaza de la bomba terrorista, celebraba las encuestas para las
cercanas elecciones y entonces, para pasmo mundial explotaron los
trenes de Madrid. No fue ETA, según la versión oficial socialista,
tampoco islamistas según acuerdo de los especialistas alternativos.
Se produce la chapuza policial y judicial que destruye los trenes y
se monta apresuradamente una supuesta trama de terroristas que acaban
suicidándose en Leganés. Muere un GEO cuyo cadáver es profanado
posteriormente, para añadir más misterio a las bombas.
Como las
incongruencias de la versión oficial están más que descritas y
probadas, y las versiones alternativas acaban en libros de misterio
sin desenlace del nudo argumental, a estas alturas solo queda la
deducción policial clásica. Motivo, medio y oportunidad.
Motivo, el ascenso
de España en el baremo económico de las naciones, la alianza con
Bush y Blair que presuntamente otorgaba a España no solo el apoyo de estos
países a la política no solo antiterrorista, sino también a la
política fuerte frente a Marruecos. Otro motivo. La salida de España
de la órbita francesa. Se dice que Chirac exigió la entrega de
Ceuta y Melilla a Marruecos amenazando a Aznar en caso de no hacerlo,
para pasar a formar parte del grupo USA, UK, como hemos dicho. Otro
más, el asunto Perejil que el moro no está dispuesto a dejar pasar.
Medio. Según todos
los investigadores independientes. Lo utilizado en los trenes es
explosivo militar y están casi seguros que las bombas fueron
colocadas y activadas casi al mismo tiempo por personal entrenado
militarmente, casi seguro, mercenarios contratados al efecto. De
teléfonos móviles, nada.
Oportunidad. Un
simulacro antiterrorista en España que por aquellas fechas permitía
el paseo incontrolado de todo tipo de agentes policiales o de
agencias de información de varios países. Está también el asunto
del golpe en Guinea que parecía urdido para distraer la atención de
los servicios de información españoles.
En definitiva, para
qué leer agujeros negros, mochilas imposibles, pruebas falsas. Ante
los efectos del atentado. Ante los centenares de muertos y miles de
heridos todo el mundo entra en pánico. El gobierno porque no se ha
enterado y la oposición que en un primer momento piensa que ha sido
ETA, pero el atribulado Arnaldo Otegi lo desmiente. De prisa y
corriendo se pone en marcha la operación islamista y aparecen libros
coránicos, calzoncillos y camisetas blancas, Renault Kangoo,
mochila de Vallecas, y demás. La operación de despiste tiene éxito
porque el PSOE se empeña a fondo y las instituciones de España,
policiales y de todo tipo están invadidas por elementos al servicio
del partido.
Para qué darle más
vueltas. El excomisario Villarejo lo ha dicho con meridiana claridad.
Ha explicado quiénes, por qué y para qué. Motivo, medo y
oportunidad. No vamos a declarar la guerra a nadie, pero a ver si por
fin podemos dormir, aunque sea con lexatines.