La situación en Europa degenera día a día. El curioso pacto con MERCOSUR que condena a nuestra agricultura es el último de los procesos abiertos desde hace décadas contra la Europa blanca. No hay duda, estamos en una guerra de exterminio en la que nos van a borrar, literalmente, del mapa.
En su momento, momento glorioso (esto es irónico) de la señora Thatcher y sus mariachis propagandistas aquí en España, reconocibles, entonces como ahora, bajo el nombre de liberales, el intento de destrucción se hizo contra la PAC. Política agraria común, que creo que todavía funciona, y que concitó las iras de la ultra inglesa jaleada por los ultraliberales, ni mucho menos ultraderechistas, de la España que se creía por entonces democrática y europea. La inglesa quería que desapareciera la PAC. No quería pagar el cheque a Europa y el argumento simplificado era que por qué ibas a pagar las patatas francesas a 5 si podías comprarlas en Polonia o Nigeria a 1.
Un cónsul o diplomático francés explicó entonces lo que era un sector estratégico. Depender de productos extranjeros de primera necesidad llevaría al abandono de la agricultura. Los campos de cultivo se volverían feraces, llenos de malas hierbas, matojos, matorral descontrolado. Imposibles de volver a cultivar. La maquinaria y el sistema de suministros de la misma desaparecería y el saber hacer de los agricultores veteranos acabaría por perderse en el tiempo. Entonces los suministradores extranjeros podrían imponer sus condiciones por los motivos que fueran, escasez de alimentos para su propio país o simplemente especulación de precios aprovechando la dependencia.
Volveríamos a cultivar nuestros campos argumentaban los liberales, pero eso sería una labor de años, décadas, quizá siglos.
Por entonces Francia se oponía y como vemos con buenos y sólidos argumentos. Ahora no lo hace, al menos su gobierno, ni el español, ni el PP, salvo que pronuncie mítines en territorio de agricultores, ni la izquierda. Todos quieren demoler la agricultura europea. La han hecho con la industria, salvo la alemana y la francesa que todavía aguantan, pero en precario. Es mejor comprar coches o bicicletas chinos, más barato. Lo hicieron con la industria nacional española y ese es el camino hacia la destrucción occidental, la desaparición de la raza blanca y la sustitución por las tribus musulmanas del Corán o los africanos de vete a saber que procedencia o religión. Su sistema económico era, es y será el asalto y el robo con última estación en la cimitarra cortacuellos.
Eso es evidente. Quieren acabar con nosotros. Nuestras mujeres no nos quieren, nos odian. Son enviadas al trabajo, al fútbol, al boxeo, a las citas a ciegas de Sobera para que busquen compañero de fin de semana, pero poco más. Estamos condenados a la desaparición.
Todos saben quién está detrás. El odio milenario persiste y las maniobras urdidas en Hollywood inundándonos de religión woke, sustituyendo la entrañable cenicienta del cuento medieval por la Letizia con Z de por aquí, o la Mette Marit de por allá o el hechicero novio de una princesa heredera nos muestras negro sobre blanco lo que está ocurriendo.
Es todo tan claro, tan cristalino, tan evidente que da grima observarlo y que nadie diga nada. Sobre todo nuestros gobernantes. Antes era del rey abajo ninguno. Ahora el que pueda asaltar el muro de escalada de los “zombies” de Brad Pitt pisando cráneos y cuerpos muertos quizá llegue hasta donde el rey habita. Y los que están arriba y los que están cerca y los que esperan estar ahí nos traicionan. Nos entregan al Islam atados de pies y manos y nos roban a base de impuestos para pagar al caballo de Troya que nos han metido dentro. Quieren eliminar la población blanca. Está a la vista. No se esconden y a pesar de todo seguimos tragando el veneno en forma de vacuna televisiva. La tribu errante vigila, observa y pone al frente al masón de turno y sus palmeros y palmeras.
Pero son culpables, responsables. La historia les juzgará y les condenará. Traidores y vendidos al enemigo. El mejor ejemplo el rey acogido en terreno sarraceno. Todo es tan claro y evidente...
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