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domingo, 1 de febrero de 2026

CORROSIÓN

 



Esta palabra identifica los efectos que agentes externos causan en cuerpos metálicos.


Las vías del AVE y de otras no tan rápidas están corroídas, oxidadas. El efecto de la corrosión es acumulativo y finalmente acaba con el acero más resistente. Las famosas soldaduras que parece que se utilizan para reparar tramos de vía rotos o en peligro de rotura suelen tener como efecto la cristalización de parte del acero que rodea a la soldadura y también tendencia a una mayor corrosión. Pero esto que digo es solo una digresión. En realidad me refiero a la utilización de la palabra por las huestes izquierdistas a lo largo de los últimos decenios en occidente.


Así, si una película era corrosiva se catalogaba como gran obra de arte. Lo mismo una obra pictórica de imposible entendimiento y también esculturas retorcidas que adornan nudos de carreteras y entradas y salidas de pueblos de España. Bastante corrosivas todas ellas. Corroen la belleza, corroen el entendimiento puesto que nos obligan, sus defensores, a extasiarnos contemplando semejantes espectros y a expresar nuestra admiración. Todo ello si no queremos exponernos a eso que se llama cancelación. La cancelación es un sistema de control social antiquísimo propio de tribus cavernícolas. La tribu sancionaba determinadas conductas con la anulación social del condenado. El cancelado era libre de deambular por la tierra de sus vecinos, libre de vivir donde quisiera y libre de hablar con cualquiera de ellos, pero nadie le respondería, todo el mundo se comportaría como si un molesto soplo de aire le obligara a ladear la cabeza, era invisible, un muerto viviente que en muchas ocasiones acababa por suicidarse.


La corrosión creciente de nuestro sistema de coordenadas vitales ha acabado por instaurar la cancelación como control de todos y cada uno de nosotros. La antigua remembranza de lo que el cancelado sufría sigue viviendo en nuestro cerebro primigenio. Los corrosivos han acabado por hacerse con el poder, el poder absoluto, el poder de cancelación. La mayoría de nosotros estamos cancelados en lo fundamental y simplemente nos acomodamos a los vientos mentales actuales asintiendo como seres moldeables de plastilina a lo que el poder corrosivo ya instaurado como sistema quiere de nosotros. Pero al final la corrosión acaba con el acero más poderoso. Si quieren un ejemplo miren el famoso peine de los vientos en San Sebastián. Un engendro muy admirado porque si no lo haces, si no lo admiras aún en el caso de que te rompas el tobillo para acceder a la balaustrada al lado del mar rompiente, puedes quedar cancelado.


Miren los hierros retorcidos que dicen que abrazan el viento, son del mejor acero inoxidable y están oxidados. Durarán años, supongo hasta que el salitre corrosivo del mar los reduzca a la inexistencia y observen nuestra sociedad corroída, atacada por el propio sistema de partidos que nos iba a hacer libres y véannos como somos. Una sociedad en proceso de disolución sumergida en ácidos mentales corrosivos.

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