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lunes, 6 de julio de 2026

EXTINCIÓN Y LAVADO DE CEREBRO I

 Nolan, en su Odisea que no pienso ver, introduce una Elena de Troya inmigrante ilegal y un Aquiles que vuelve del infierno en forma de "gay" moderno y afeminado.

Respecto a esto último Aquiles tenía relaciones amorosas con Patroclo, Ulises también se consolaba de la ausencia de Penélope con un soldado griego..., ellos eran así. Ya inmersos en la historia real las falanges tebanas al mando de Epaminondas acabaron con los terribles espartanos. Cuentan que esas falanges eran invencibles precisamente por los lazos amorosos entre sus integrantes. 

Roma finalmente conquistó toda Grecia, pero acabó importando el hedonismo, el inacabable discurso filosófico griego, sucumbió a esa especie de superioridad intelectual que los esclavos griegos introdujeron en  las familias de abolengo mediante el conocido truco de la condescendencia que acabó por afectar a los estrictos paterfamilias y a las no menos estrictas matronas romanas que parían hijos para el ejército y la gloria de Roma.

Todo eso forma parte de nuestra civilización, de nuestra genética profunda. Grecia y luego Roma fueron construidas por hombres y mujeres blancas, nosotros mismos como españoles somos blancos aunque no tan refulgentes como vikingos y gentes del norte. 

Por algún motivo se ha decretado nuestra extinción. Es tan evidente que da grima ver a la selección francesa de fútbol exhibiendo su africanidad y sacando a las calles, gane o pierda, las hordas negras importadas en las últimas décadas desde el norte de África.

Nuestras mujeres no pueden tener más de un hijo y en conjunto no hay reposición poblacional blanca en todo eso que llamamos occidente. La guerra hombre mujer es ya un hecho. Casi toda nuestra economía de servicios está dominada por la mujer, pero no tenemos descendencia. Por el contrario la invasión africana continúa y nuestros ahorros y patrimonio son asaltados para otorgarles graciosas donaciones a nuestra cuenta. El desarrollo marroquí se cimenta en la inmigración salvaje de sus excesos de hijos que tras el velo y la sotana femenina ocultan una, parece, intensísima actividad sexual.

Los profetas de nuestra extinción, los sacerdotes que ofician nuestro suicidio colectivo son los intelectuales, los miembros de eso que llaman cultura. Las cigarras en el hormiguero, los Víctor Manuel, los Miguel Ríos que tanto sufrieron durante el franquismo. Tanto que se hicieron de oro con sus canciones y sus guitarras e incluso sus "big bang" que según Ríos algo tenían que comer los pobres y se los llevó como un favor de gira melancólica. 

Pero los peores, los grandes envenenadores de nuestras pobres mentes han sido y son a partes iguales, los pedagogos y los cieneastas englobando en este ´último grupo a todos los que viven de esta "matrix" de cine, de TV, de Netflix y similares. También  están  los periodistas, atentos solo a su nómina mensual y a su imagen personal, divos de la mentira oficialista y en último lugar y no por ser los menos importantes, en este maremagnum de traidores a nosotros mismos, los economistas tienen un lugar privilegiado, De ellos hablaré en otras entregas.

Pero los del mundo de la cultura son especialemente funestos. Una blancanieves "radicalfeminista" y poco blanca, una sirenita negra, una Elena de Troya hija de Leda la famosa ninfómana del cisne, negra refulgente. Incluso en una versión de la guerra de Troya en Netlix o en Amazon video ví aparecer a un Aquiles negro. De inmediato dejé de ver la serie y me pasé a YouTube. 

Los protas de la Guerrra de las Galaxias han ido evolucionando como los neandertales y ahora son negros, mujeres y mujeres negras, supongo, porque hace tiempo que ya no veo estas historias. Las series policíacas americanas del CSI van jubilando a los blancos sajones, a los pelirrojos como Horatio e imponen al frente a mujeres que a fuerza de ser atractivas y furiosamente anti hombres acaban por hacerse desagradables. En la serie de Ley y Orden de "víctimas especiales" campea Mariska Hargitay hija nada menos que de Jayne Mansfield.  Ha jubilado ya a Cristopher Meloni y capitanea el grupo de policías entre las cuales o los cuales, según se vea, aparece una rubia de pasarela que se sube por las paredes cada vez que investiga un caso. Caso que suele ser recurrente, caso en que una débil y llorosa mujer es violada o incluso asesinada, siempre por motivos sexuales. Caso en el que siguiendo las tramas de todas estas series se presentan y descartan posibles culpables, caso en el que si entre estos investigados aparece un señor blanco, empresario o CEO, bien situado, con mujer e hijos impolutamente blanquísimos y residencias de postín, no hay que ser Hércules Poirot, este señor será sin ninguna duda el culpable.

En una de las últimas entregas que he visto, nada menos que un juez, tiene esa especie de doble vida sexual que el hombre se ve obligado a explicar ante la atenta mirada de la agente Hargitay y la nueva rubia vengadora. "Qué asco de hombre, entregado a la lujuria y al sexo con inocentes jovencitas que se ven obligadas a prostituirse...", la expresión de una y otra es siempre la misma. Un expresión de profundo resentimiento ante el degenerado sexo masculino. Un papel y una imagen femenina que se repite una y otra vez en las series y películas más vistas. Mujer de pasarela, embutida en trajes y vestidos que supuran vouptuosidad por todos los lados. Expresión de suficiencia y superioridad sobre los rendidos colaboradores que al final, como nos ocurre a todos, solo buscan la aprobación de la mujer aún siendo esta inferior en  cargo o función. Una furia antihombre que se desencadena siempre ante el violador en serie. Y una sutil, pero perenne sensación de que todos nosotros pertenecemos a un género violento, intelectualmente inferior, degeenerado y salvaje por nuestra propia naturaleza. 

Y finalmente la Hargitay diciéndole a su rubia agente escandalizada por tanto hombre violento y sexualmente incontenido. rubia agente a su mando que está como siempre embutida en ropa que expulsa hacia el exterior un busto descomunal y una pistola de cinco kilos en la cintura. "Las cosas van cambiando", dice la Hargitay feliz de haberse deshecho del señor Meloni. "Pero solo nos tenemos las unas a las otras".

 Aquí pueden reirse todo lo que quieran. Es sabido que el peor enemigo de una mujer en un trabajo con diferentes escalones jerárquicos, es... otra mujer. 

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