Viene esto a cuenta de Isabel Preysler y su libro. Dice que el único amor de su vida fue Boyer. Miguel Boyer, ministro de economía del gobierno González. Por aquel entonces, don Felipe viajó y se entrevistó con ilustres lideres internacionales, entre ellos CAP, Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela que le aconsejó tener un buen ministro de economía y echarse a dormir. Desde China importó un proverbio que siguió al pie de la letra: gato azul o rojo, qué importa, siempre que cace ratones. Boyer hizo y deshizo al frente el ministerio. Acabó con los pisos de renta congelada y sobre todo expropió RUMASA, comienzo de todas nuestras desgracias. Entre las hazañas de la expropiación está el asunto Galerias Preciados. El gobierno vendió la empresa un tal Gabriel Cisneros, inversor venezolano, siempre tropezamos con el factor Venezuela PSOE. Cisneros compró Galerias Preciados por tres mil millones de las antiguas pesetas. Para ello recibió un préstamo o tuvo crédito otorgado por el Estado de los tres mil millones. Es decir que Cisneros no puso un duro y un año después vendió los almacenes por treinta mil millones.
Boyer acabó mal en el gobierno. Guerra se la tenía jurada y además el flamante ministro se enamoró de Isabel Preyler. Abandonado el ministerio fue contratado por los famosos primos Albertos que le pusieron al frente de su conglomerado empresarial. Duró poco. Fue despedido como Albert Rivera con, supongo, indemnización no discutida y uno de los primos justificó la decisión: “de economía sabe un huevo. Pero le pones al frente de una empresa y te la lleva a la quiebra”.
Pero estábamos con Mario Vargas Llosa al que Isabel puso la maleta con sus pertenencias en la puerta de casa y lo echó sin contemplaciones.
Vargas Llosa es uno de tantos intelectuales influyentes de este mundo hispano al que pertenecemos. Aquejado, me parece a mí, de esa enfermedad a la que me refería en el post anterior. La desorientación y el desconcierto ideológico que le lleva primero al comunismo y luego, como reacción, al liberalismo. En su novela “El sueño del celta” puede verse esa admiración por el imperio inglés. El protagonista es irlandés y homosexual, cosa mal vista por aquel entonces. El gobierno de su majestad le encarga investigar los salvajes métodos de explotación que se utilizan por otros gobiernos, en este caso Bélgica, para la obtención de materias primas. El modelo de imperialismo vigente por aquel entonces era el inglés, no obstante, la isla se presenta como el gran valladar contra los abusos sobre indígenas en las colonias europeas. La historia del llamado Congo Belga, actualmente el Zaire es escalofriante y el irlandés al servicio de Su Majestad nos introduce paulatinamente en un mundo oscuro siguiendo la pauta de la famosa historia. “En el corazón de las tinieblas”. Pero naturalmente don Mario tenía que compensar la balanza con una historia similar protagonizada en este caso por un tal Arana cuyos métodos son aún más espeluznantes que los anteriormente relatados. Arana es apellido español, pero no trabajaba para España. Lo hacía en su propio interés y para suministrar caucho a las industrias europeas, singularmente, supongo yo, también a las británicas. El final es realmente extraño. El comisionado revuelve su condición irlandesa contra Inglaterra y acaba en el horca.
Pero lo que me parece interesante e intuyo es ese dilema existencial en que se desenvuelven los intelectuales hispanos, los de un lado del océano y los del otro. Y es que solo hay dos opciones políticas para ellos y de rebote para todos nosotros. El comunismo o el liberalismo económico. Y en el orden de sometimiento a potencias extranjeras, o se es anglófilo como el mentado don Mario, la señora Alvárez de Toledo, el señor Federico Jiménez Losantos y en general los más reconocibles y publicitados popes de la llamada derecha liberal española o se es francófilo como Reverte y gran parte del PSOE. Todavía resuena la entrevista que le hicieron a don Felipe en la televisión francesa en la que González se expresó en el idioma culto de occidente de por aquel entonces, el francés, renunciando y repudiando al español al que se debía como líder político. Hablaremos de ello.
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