Solo digo que llama la atención. Inundaciones no hace mucho y ahora con este calor tórrido los montes prenden como la gasolina. Los bomberos se declaran en huelga. Los incendios están descontrolados, devoran todo lo ecológico y protegido y vete a saber si quizá tambień matan linces, lobos y fauna tan trabajosamente reintroducida en nuestra naturaleza antes controlada y ahora salvaje.
Nadie se pregunta ¿por que´? Desde luego no en nuestras televisiones, tantas cadenas, tantos y tan divertidos programas. España se quema de norte a sur, de este a oeste y la juerga sigue. Lo importante es lo que atañe a la hija de la finada María Teresa Campos, lo que nos cuenta Ane Igarteburu, la fiesta continua del residencial veraniego..., lo que importa de verdad es la... ¿cultura? Qué cultos y sofisticados somos. Tan estilizados en cuerpos de gimnasio y aditamentos alimenticios, tan refinados en nuestros gustos culinarios, tan elevados en nuestros conocimientos esotéricos.
El estreno de películas por miles entre producciones europeas, americanas, indias, etc. lo que sea entremezclado con escenas dantescas en los telediarios.
Desalojos y realojos, guardias civiles y policías cargados de testosterona y de chalecos antibalas, intercomunicadores, pistolas, municiones, ropa de combate, todos ellos de brazos cruzados observando las llamas a prudente distancia, amenazando a pacíficos ciudadanos para que abandonen sus hogares y se recluyan en gimnasios municipales.
Hace unas décadas la única comunidad española que ardía todos los veranos era Galicia. Los incendios eran salvajes como los de ahora, pero restringidos a ese territorio. Se hablaba de oscuros intereses que necesitaban terreno despejado, o vete a saber qué. El caso es que en su momento se tomaron medidas para evitar esos incendios salvajes. ¿Cuáles fueron? ¿por qué no se pregunta a expertos de verdad qué es lo que está pasando? ¿puede aplicarse la estrategia antiincendios gallega al resto de España?
Me refiero a ingenieros de montes, reputadísimos especialistas españoles que siempre han tenido un merecido prestigio.
Por el contrario, ahora todo se despacha con el soccorrido cambio climático explicado por "expertos ecologistas", titulación obtenida en ningún lugar, conocimiento avalado por nadie. "El experto ecologista", barbudo con expresión resentida, amenazante ante todos los que no comulgan con su "experta" opinión, es el que determina lo que está ocurriendo, pero nunca da otra solución que no sea la de exterminar al ser humano que viva en el monte, en los pueblos vaciados, que viva de la ganadería o de la agricultura.
Para eso está el "Seprona", moderna policía política cargada de armas y de cuadernos, de reglamentos e intercomunicada con algún centro de decisiones lejano. El "Seprona" que no protege la naturaleza, sino que fiscaliza a cualquiera que pretenda alejarse: "del mundanal ruido y siga la oscura senda de los pocos sabios que en el mundo han sido".
Moderna "Gestapo", policía política en definitiva.
En invierno hace frío, llueve torrencialmente, en verano hace calor, todo se debe al cambio climático.
El mantra, la consigna es que hay que luchar contra el cambio climático. Todo son políticas medioambientales, retorno a las cavernas, al confinamiento humano y dejar que la naturaleza siga su curso. Desalojar pueblos y comunidades humanas de la España vaciada. Que todo se queme y que nadie rechiste. Todo el mundo a las ciudades de quince minutos. Encarcelados, enredados en las redes sociales, pero sin salir de casa.
Me da a mí que estas extrañísimas olas de calor, ahora que las fábricas europeas no echan humo ni existen siquiera. Estos inviernos sumergidos en agua, estas guerras, de Ucrania, de Gaza, del Golfo. Todo forma parte de algo. Del mal en su expresión más siniestra. Un grupo de humanos poderosos que han decidido limpiar el mundo de parásitos, humanos también, pero estos últimos, pordioseros insoportables. Algo raro provoca esta situación. Alguna tecnología desconocida capaz de despertar volcanes, de provocar terremotos, de cambiar el mundo en definitiva.
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