En Andalucía se juega el ser o no ser de algún líder, de algún partido y quizá también de España. Según cuentan, el pacto PP C`S hace aguas por la oposición de Vox a las leyes de violencia de género y de memoria histórica que quieren mantener o legislar estos dos partidos. Asunto este que se vende como menor, pero que dice bastante del líder naranja (ya, evidentemente un veleta reconocido y aceptado), alguien que cambia de opinión según le dé la ventolera del día y dice mucho también del PP de Casado que se nos vende como una reconstrucción del partido de centro derecha de los tiempos de Aznar, pero que en la actual negociación parece tan desnortado y proclive a orientar las velas al viento cambiante como el de Rivera. Y uno se pregunta si para que legislen y gobiernen como el PSOE, merece la pena el cambio andaluz.
Dos leyes de corte marxista radical. La primera condena al hombre, al varón, por el solo hecho de serlo a ser ciudadano de segunda frente a la mujer. Convierte cualquier posible acercamiento a la hembra en sospechoso de malas intenciones, destruye la convivencia de toda una nación, fomenta los compartimentos estancos sin otra posible convivencia entre sexos que no sea la que conduce al coito en sí mismo y siempre que la hembra de la especie consienta y mantenga ese consentimiento antes, durante y después del ayuntamiento carnal.
El riesgo que asume el varón normal y corriente que pretende una relación amorosa y no digamos conyugal duradera en el tiempo se está convirtiendo en inasumible. Esa ley que otorga derechos absolutos a la mujer frente al hombre está además sustentada por una ideología hembrista de más que difícil entendimiento. Ideología que sostiene el derecho femenino a vestir o no vestir (ir prácticamente desnuda) según le interese y sean cuales sean las intenciones últimas que sostienen la elección del vestido.

