FEROZ ANTICRISTIANISMO.
O más bien sutil. Pero efectivo.
Dos series de Nerflix de buena factura, enganchan..., pero contienen un etéreo
o no tan etéreo mensaje. «The sinner». Excelente historia de cine negro. Una
asesina evidente que guarda un secreto, un recuerdo perdido que la impulsa a
matar. El detective, el de siempre, tan habitual en las series policíacas,
atormentado también como la protagonista. Bill Pullman en el papel de
investigador contra corriente que busca la verdad subyacente en el comportamiento
incomprensible de una madre de familia ejemplar. Obviaremos la inconsistencia
del planteamiento inicial, alabaremos sin embargo la huida de los tópicos de
costumbre. Aquí no hay padre violador, tampoco manada de jóvenes salidos que
abusan de indefensas e incautas jóvenes. La historia es la del recuerdo
perdido. La memoria oculta en la mente de la protagonista que con ayuda del
policía enredado en extraños amoríos extramatrimoniales consigue por fin
imponerse a las pruebas jurídicas. Sin embargo…ahí está, como en tantas series
y películas, el feroz anticristianismo revestido en esta ocasión de
anticatolicismo beligerante. Solo una religión que se basa en el pecado
original, en la abrumadora culpa inculcada desde la más tierna infancia en sus
seguidores puede dar lugar a semejante madre perturbada por la enfermedad de la
segunda hija y entregada a los delirios místicos propios del catolicismo. Una
cruz descomunal en casa de la protagonista. Cruz más propia de un retablo de
catedral que de una modesta vivienda familiar. La cruz, se entiende, se
sobreentiende, se debe entender por encima de cualquier otra consideración, es
la causa de la histeria, del fanatismo, de la muerte.

